Un 07 de enero reciben patente de la primera máquina de escribir

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El 07 de enero de 1714, el Inglés Henry Mill recibe la primera patente por la primera máquina de escribir por la reina Ana de Estuardo.

La patente se titula “Una máquina artificial o método para el impresionando o transcripción de las letras por separado o de forma progresiva, una tras otra, como en la escritura, en el que toda la escritura lo que puede ser absorbido en papel o pergamino tan pulcro y exacto como para no distinguir entre imprimir“.

No puede decirse que la máquina de escribir tenga un único inventor, pues, como en otros casos, fueron varias las personas que contribuyeron con las ideas e invenciones que terminaron llevando a las primeras máquinas comercializadas con éxito.

Mill nunca tuvo éxito al comercializar su invento y aunque más tarde será reconocido como el primero de una larga evolución de los dispositivos, su diseño estará destinada a morir con él.

Un poco de historia

La primera máquina de escribir con éxito comercial real fue inventada en 1872 por Christopher Sholes, Carlos Glidden y Samuel W. Soulé. Sholes repudió pronto la máquina, rehusando usarla e incluso recomendarla.​ La patente, cuyo costo fue de USD79,265.00 fue vendida por USD12,000.00 a Densmore and Yost, que llegó a un acuerdo con los entonces famosos E. Remington and Sons por sus de máquinas de coser.

Remington empezó la producción de su primera máquina de escribir el 1 de mayo de 1872 en Nueva York. En ese primer año, E. Remington produjo más de 1.000 máquinas de escribir Sholes y Glidden, por lo que es la primera máquina de escribir históricamente importante y el primero en ser producido en masa. Poco después, en 1873 lanza el primer modelo industrial, el cual estaba montado sobre una máquina de coser estándar. El retroceso se conseguía accionando un pedal muy parecido al de estas. En este modelo quedaron pendientes de solución dos defectos importantes:

  1. La escritura se realizaba solamente con mayúsculas y permanecía oculta para el escribano
  2. La máquina resultaba de un tamaño desmesurado y embarazoso, siendo por otra parte de un costo muy elevado, por lo que nunca llegó a ser lanzada al mercado.

Un dato curioso es que, en la mayoría de las primeras máquinas de escribir, los tipos golpeaban subiendo contra el fondo del rodillo. Por ello, lo que se escribía no era visible hasta que las siguientes líneas escritas hacían que el papel se deslizase, dejándolo a la vista. La característica de ver lo que se iba mecanografiando a medida que se escribía se da por supuesta en la actualidad. La dificultad con cualquier otra disposición era asegurar que los tipos volvían a caer adecuadamente a su lugar cuando se soltaba la tecla. Finalmente, fue logrado con diversos diseños mecánicos ingeniosos, y las llamadas “máquinas de escribir visibles” fueron comercializadas hacia 1895. Sorprendentemente, los modelos antiguos siguieron fabricándose hasta 1915.

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